miércoles, 18 de julio de 2018

El problema no es el PP-Mariano-Pastor-Llorca el problema es del país.


Se abre una nueva etapa en la gestión de los puertos españoles y se echa la mirada atrás con cierta ira sobre la era Mariano- Pastor - Llorca. Es verdad que esta era de semiliberalismo no ha sido totalmente satisfactoria. Pero los problemas achacables también lo son de esta sociedad española que tiene poca o muy poca fe en sí misma.

Puertos y Navieras 18/07/2018

Las críticas aquí vertidas a la política portuaria tienen razón en que denuncian el "afecto por el colonialismo" al que nos tienen acostumbrados nuestras clases dirigentes. Algunas de estas clases dirigentes, que tienen un liberalismo de "poblet", sea de aldea gallega o gerudense, tienen por bueno solo lo que viene de fuera. Y abrazan como si fuese un mantra sagrado que la atracción de inversiones extranjeras es el maná.

Lo que hizo Pastor- Llorca abriendo los puertos a mayores inversiones extranjeras no estaba desacertado, si no fuese acompañado de cierta "desertificación" de las inversiones españolas.

Aquí venimos a creer que los inversores extranjeros nos hacen un gran favor, que van a permanecer aquí reinvirtiendo sus beneficios. No siempre es así. Craso error, porque en economía eso no es exigible a un inversor, que debe atender a su propio beneficio. También se cree, quizá con mejor suerte, que las inversiones extranjeras nos atan a Europa y al occidentalismo y que brindan estabilidad frente a locuras políticas. Esto sí que es verdad, y parece ser la única justificación de pequeña política española para vender desde los aeropuertos y los puertos a todo quisqui extranjero. Esta política de corto plazo, de medio plazo si acaso, defensiva y que solo mira evitar los desmanes de las comunidades autónomas o los localismos, no constuye país.

Si esa fue la justificación última pero inconfesable de la política de Pastor y de Llorca en los puertos todavía se podría entender un poco.

Por tanto, la política no es criticable, lo que es criticable, aunque menos acidamente, es la forma de hacerla y los compromisos que se adquieren a tan largo plazo. Es verdad que los concesionarios y los inversores extranjeros quieren tener un marco de actuación lo más estable posible y que eso se brindan unos mayores plazos concesionales, pero también es verdad que a nadie se le echa de una concesión salvo por flagrante delito y eso está por verse. Por tanto, lo que debía haber proveído el Estado en las dos últimas legislaturas era un marco de inversión favorable para los inversores y también favorable para los empleadores, estimulando a los españoles.

Pero ayudar a vender a dos incipientes redes de terminales por el mundo, la de Dragados S.P.L. y la de TCB, no tiene mérito. Pero a eso contribuyeron por igual Gobiernos del PP y del PSOE.

Esto se refleja en que, por ejemplo, en el tema de la estiba se quiere favorecer a los inversores y empleadores, más por la vía de subvencionarles salidas de sus pasivos sociales y mantenerlos entre algodones, que por llegar a verdaderas políticas que favorezcan al inversor con una política laboral justa y medida y no un juego de intereses donde se priman los de tipo local o autonómicos.

La desaforada invesión o venta de activos españoles todavía no se ha dado del todo en los puertos, aunque se han alargado treméndamente los plazos. Mucho peor ha sido en el aeroportuario y ahí se queja menos la gente porque sencillamente las puertas en el cielo del espacio aéreo no se ven.

Pero esto no significa defender totalmente la política Pastor- Llorca, que adolece de carencias congénitas de saberse explicar y de creerse a sí misma qué política era la conveniente más allá de crearse amigos sólidos.

A fuerza de subvencionar actividades privadas vamos estrechando el marco de actuación del mercado y ampliando los intereses creados de colectivos cada vez más subvencionados.

Desde los descuentos a residentes que van a llegar al 100% creando una economía subvencionada del pasaje marítimo o aéreo, a las terminales portuarias con un colectivo de empelados subvencionado.


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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