miércoles, 13 de junio de 2018

Opinión de los lectores sobre ¿El fin del centralismo en los Puertos del Estado?

 "El problema de los personalísimos y el Jacobinismo en los Puertos es cíclico y recidivante como un herpes".



Puertos y Navieras 13/06/2018

Opinión de los lectores sobre el editorial. ¿El fin del centralismo en los Puertos del Estado? "Centralismo c'est fini,  Llorca c'est fini".

El problema de los personalísimos y el Jacobinismo en los Puertos es cíclico y recidivante como un herpes. Ya desde tiempos del llamado Napoleón de  los Puertos Fernando Palao y su ...... jefa de RRHH Irene Canalejos , a pesar de reformar en 1992 una Ley de Puertos cuyo origen databa en 1880, puso especial énfasis en centralizar la gestión de  los Puertos, impronta que transmitió a sus equipos y alumnos como Mariano Navas.

No le fueron a la zaga Ministros como Borrell, Álvarez  Cascos, Pepiño Blanco, Ana Pastor,.... Lo malo de esos aires centralizadores contrarios a lo que se estila en los modernos Puertos europeos, es que ha acostumbrado a los moradores de la Avenida del Partenón y antes a los de Nuevos Ministerios en Cuzco, a intercambiarse los sillones de mando según el color del Gobierno en el poder.  

Ello, hace que mantengan unas directrices, INTERESADAS  apolilladas, encorsetadas y dependientes de sus propias aspiraciones personales. Dándose paradojas como que quien detentara la Dirección General de Recursos Humanos en tiempos de Zapatero y firmase u ordenara drásticos recortes a los  Derechos laborales, económicos  y sociales de los trabajadores, pasase con el advenimiento del PP a ocupar el liderazgo de una de las bancadas sindicales,  a pesar de su alto rango en el Organigrama de Puertos del Estado de Subdirector.

Ahora, quienes estuvieron en los inicios de los 90 y en la era de Zapatero, demandarán volver al Machito, todo para cambiar nombres, nóminas y cuota de poder, para en definitiva no cambiar nada.

Portus Portus

*ESTA EDITORIAL NO SE RESPONSABILIZA DE LAS DECLARACIONES VERTIDAS POR SUS LECTORES.
 
NOTICIA OPINADA
12/06/2018

Editorial. 

¿El fin del centralismo en los Puertos del Estado? 

"Centralismo c'est fini, 

Llorca c'est fini".

El centralismo, el jacobinismo, en los puertos del estado, parece haber terminado con la era Llorca. Esta era que empieza será corta o larga, no se sabe, pero que ha terminado la época de cierto estilo de centralismo también es verdad. No hace falta para nada que el partido Socialista y su coalición de partidos cedan la gestión de los puertos a las autonomías. O que la cedan más, ya lo hizo el PP. No hace falta que hagan una nueva Ley de Puertos. Salvo que nombrasen a un rejuvenecido Fernando Palao, curioso antagonista de Llorca, pero centralista, los centralistas están en extinción, eso parece. Falta el elemento personal.

José Llorca es el perfecto ejemplo del funcionario napoleónico, que mantenía unido con su sola existencia la débil, presencia del Estado en los puertos. Solo él, con esa escuela Paladiense, de su enemigo Fernando Palao, ha podido mantener una recentralización parcial de la gestión. Con sus famosos fondos, un medio indirecto para detraer poder económico de los puertos. Quitarles caja.

Indirectamente aunque no era el objetivo y ni así lo pensaron, Pastor y sus lobbies, la extensión a 75 años de las concesiones iba también en el sentido de robar margen de maniobra a los gestores de puertos, pero no se hizo con esa doctrina, si no más bien premiar a amigos.

Llorca digno hijo de Palao, era el que mediante su discurso y acción, en el ente controlador, cortaba incluso las iniciativas de los ministros que podrían ser proclives a dejar los puertos en manos de las autonomías. Llorca era el interprete justiciero de una Ley de Puertos, la 92 y las siguientes, mal adaptadas al hecho autonómico que se habían visto sobrepasadas por el mantelín del Majestic, donde Aznar y Pujol con enviados interpuestos deshicieron el edificio centralista de los puertos en España. Pero ha ido perdiendo fuerza, el último ministro, no acompañaba.

Ministros, vinieron que no querían saber nada de los puertos porque los consideraban de la red autonómica.

Llorca y su equipo, que lo dejan bien nutrido, eran los últimos mohicanos del bonapartísmo, al fin y al cabo herederos del rey Sol y el Estado soy yo.

El caso, es que, con un autonomismo en contra; Llorca y su equipo han mantenido los puertos dentro del Estado por la vía del conocimiento de los pasadizos secretos de la Avenida del Partenón, las vías de salida y escape en el manejo de los planes de empresa, la aplicación de la dilación y la resistencia pasiva, como denunciaba Sixte Cambra, como lo más penoso de sufrir del Estado, y algo debe saber del tema. La burocracia kafkiana, y antes cuando había los fondos europeos para las inversiones, la utilización de la zanahoria, para doblegar la voluntad de los puertos. Ahora sin zanahorias solo quedaba el palo, y raquítico. Dicho todo esto sin acritud.

La última y postrera hazaña de recentralismo a la ripollés, que aplicarle su 155 al Port de Barcelona y al secesionista Sixte de Cambra.  Como se lamentó el conseller Damián Calvet, esperando árnica del próximo Gobierno, Llorca les aplicó el tercer grado retirando la promesa de que el Estado iba a pagar, al menos la mitad, de los accesos al puerto de Barcelona. De golpe y porrazo, bajo un "replanteamiento técnico", como dijo Calvet, les había echado el muerto de gastarse 160 o 170 millones de su caja. Sutilezas de catalán a catalán.

Pero para estos manejos se necesitaba, no solo una doctrina jacobina del admirador de Napoleón de Ripoll, sino un perfecto conocimiento del la Ley de Puertos y sus resortes, y un equipo de funcionarios que parecen los últimos de Filipinas de los "Enarcas" de la administración española, nostálgicos de La administración de La France.

Llorca y su hueste, que la hay formidable, son como los mariscales de Napoleón, Murats, o los generales de Alejandro Magno, Ptolomeos, mantuvieron el poder, resistieron en sus enclaves, pero su tiempo pasó. 

Si Ábalos quisiera mantener esa recentralización de seda, nombraría a Ignacio Arrondo, presidente de Puertos del Estado, y en la cuarta planta situaría a Palao y Llorca en despacho compartido, pero no conoce ya a los viejos. 

Sin esos funcionarios que ven en su única razón de ser, el manejo de la Ley de Puertos, para el beneficio del poder nada se habría hecho, el problema, es que, es muy difícil y prácticamente imposible, al no ser que sea uno de los suyos aunque sea más rojo o morado que Iglesias, el que un jacobino tal se repita en Puertos del Estado. Fernando Palao, del PSOE, antigua guardia, está imputado en la Audiencia Nacional y ni se acercan a él. Navas, mayor, nunca fue tan jacobino, si no fuese por Palao.

Esto del centralismo no es cuestión de ideología, es más generacional.

La experiencia de los años pasados nos indica que solo uno de cada seis presidentes de Puertos del Estado puede salir centralista y eso con una muestra empírica verdaderamente corta, de solo seis presidentes de Puertos en la historia, y uno repetido.

Así las cosas, aquellas comunidades autónomas que no se den cuenta del sentido de la historia, van a quedarse atrás y ya no solo son las catalanas y las vascas, las que quieren más trozos de la gestión autonómica para ellas, van a serlo todas.

Se ve en el "destape" del vasco Asier Atuxa, avezado general carlista, además de presidente del Puerto de Bilbao, que sabe cuando dar la orden de avanzar, Atuxa también piensa que el centralismo portuario c'est fini, lo ha olfateado, se irá del puerto pero permanece en el PNV, y sabe que al "fuet" le quedan pocas rodajas.

Salvo, que las elecciones de aquí a un año, devuelva a la Moncloa un eje de centro derecha anti-autonomico, y eso parece improbable si Ciudadanos-noqueado no resucita, Llorca pasará a la privada y su Estado Mayor en Puertos del Estado se diluirá, como los mariscales de Napoléon, o los generales de Alejandro Magno.


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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