viernes, 9 de junio de 2017

CONSIDERACIONES SOBRE LAS HUELGAS EN LOS PUERTOS ESPAÑOLES

A principios del siglo pasado, los navieros, comerciantes y corredores marítimos  a presionar a los gobiernos de la nación para que legislaran de acuerdo con sus intereses. Lo hacían abiertamente, con luz y taquígrafos, a través de las organizaciones sociales y patronales (Cámaras de Comercio, asociaciones empresariales, ligas marítimas, etc.) creadas con la finalidad principal de servir como instrumentos de presión. Envolvían sus intereses económicos con la bandera del patriotismo, un señuelo que sigue dando buenos resultados. Lo que era bueno para ellos, era bueno para la nación. 

Naucher 08/06/2017
El comunicado de la patronal de la estiba, ANESCO, que ayer publicaba NAUCHERglobal, exigiendo al Gobierno que frene las reivindicaciones de los estibadores (repito: exigiendo), era algo más tosco, tal vez porque ya no son necesarios los engaños. Directamente exigen que el gobierno utilice a la administración pública para que sus negocios no se vean perturbados por la acción defensiva de los estibadores. 
Mencionaban a la Inspección de Trabajo, pero podía leerse que pedían sin más la intervención de la caballería contra los sediciosos. Ya lo decía el político italiano Mario Andreottti, a los españoles les falta finezza.
Aunque cueste creerlo, es muy probable que la cúpula del Ministerio de Fomento, con el ministro de la Serna al frente, creyera que la imposición de un trágala letal como el decreto de la estiba no iba a causar ningún conflicto en los puertos. 
El secretario de estado, Gómez Pomar, y la secretaria general del ministerio, Carmen Librero, amén del presidente de Puertos del Estado, José Llorca, estaban convencidos que la unión de los estibadores era un camelo y sus organizaciones, tigres de papel. Aprobado el decreto, los estibadores acabarían bajando las orejas y, como mucho, negociando en algunos puertos más conflictivos las partes más dolorosas del decreto. No había, pues, riesgo alguno para el país. 
Cuesta creer en semejante ignorancia, una desgracia para la nación, pero su realidad explica el autoritario proceder del gobierno y su empeño en aprobar, a un precio escandaloso, por indigno, una norma que tenía en contra a todos los trabajadores y a una parte importante de las empresas, Maerks entre ellas.
A esa grave ignorancia, añaden algunos expertos el interés privado por favorecer los intereses de una gran empresa estibadora, un grupo empresarial de cuyo nombre no puedo acordarme. Otros han aludido a la soberbia corrosiva de unos políticos incapaces de admitir la superioridad del diálogo sobre la imposición del ordeno y mando.
El resultado es que los puertos están en huelga, cien por cien, y que el daño para el país puede alcanzar cifras extraordinarias.  Le echarán la culpa a los estibadores, que hacen lo que debe hacer cualquier colectivo consciente y organizado, por ejemplo los empresarios: defender su vida y su trabajo. Pero a no tardar, ni siquiera la legendaria quietud del presidente Rajoy consentirá que la ignorancia, los intereses privados y la vanidad de los ocupantes de un ministerio le rompan el espinazo a la economía española.
La reacción de los estibadores era previsible. El encaje europeo del modelo español de estiba, con mucha historia y muchos éxitos a cuestas, requería un decreto diferente. Sin ir más lejos, el que proponían la mayoría de las empresas estibadoras de acuerdo con los sindicatos, conscientes de que hay que adaptar el modelo actual. La buena marcha de los puertos y los beneficios empresariales lo hacían posible sin apenas costes.
El decreto de la estiba pergeñado por el actual ministerio es peor que un crimen, es un error cuyas consecuencias las estamos pagando todos los españoles. 


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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