martes, 14 de marzo de 2017

Los siete pecados capitales del Real Decreto Ley de la Estiba. Que Llorca debió impedir.



El Real Decreto de la estiba es de bella factura, es de un acero cortante. Pero hecho para una circunstancia muy concreta en la que, pillando desprevenidos a la oposición, ésta lo iba a rubricar dejando en manos del Gobierno una vez que se hubiese convalidado todas las manos libres para reconvertir la estiba.



Puertos y Navieras 14/03/2017

Por los Fareros.  


Pero las cosas en las democracias modernas no suelen ser así, aunque a punto han sido de serlo y eso da buena prueba de la temeridad o de la audacia de los gestores del Real Decreto. 

El Real Decreto, por breve, conciso e inexpresivo, habría permitido una totalidad de movimientos al Gobiernopagar los mínimos pasivos sociales y lanzar después a las partes a una profunda negociación o verse abocados a una enorme reconversión. El decreto estaba destinado a lo que los ingleses describen "shock and awe", es decir, a sorprender y a pasmar. Pero también contiene muchas equivocaciones. 

Podía haber tenido todo lo que tiene en ese sentido de "blitz" de Real Decreto, de decreto relámpago, pero con mucha más finura mediterránea. 

Los errores son los siguientes. 


1. Hablar demasiado. Es de poco versados en derecho escribir de más. Bastaba con el artículo dos.

2. Citar de entrada la bicha de la entrada de nuevos estibadores nacionales y extranjeros, con unas condiciones de risa, aunque sean las actuales. Sobraba el sarcasmo.

3. Hablar de empresas de trabajo temporal. No lo necesitaba, aunque sea verdad que las Sagep, de algún modo ya lo sean. Citar a uno de los peores demonios del mercado laboral actual por mucho que sean necesarias y que sean el sentido de la historia laboral es perjudicial, y comete el error de insistir en el texto. ETT pa aquí y pa allá. 

Este cómodo funcionario que tiene fijeza en el empleo y que debería considerarse a sí mismo también una especie a extinguir no debería de haber mencionado la palabra empresa de trabajo temporal, aunque al final la fuerza laboral dentro de veinte años pueda que esté toda adscrita a empresas de trabajo temporal o a empresas que los contratan bajo los mismos parámetros.

4. Mencionar los pasivos sociales. Es un tema que llama a ERES, despidos y precariedad laboral. Una serie de factores negativos, que al que ha escrito el Real Decreto se le conoce por la pluma. Está bien claro que no le importa frivolizar sobre el empleo de los demás, sobre su vida y sus haciendas.

5. Citar una figura como los centros portuarios de empleo sin darles una configuración más creíble, un maquillaje, un algo que verdaderamente hiciese sentir bien a aquellos que iban a caer en sus manos sobre la bondad y el acomodo de ese nuevo hogar para sus empleos, los centros portuarios de empleo. 

6. Hablar de la extinción de la Sagep, clarísimamente el redactor no es un político que sabe que uno nunca debe de mencionar al electorado cosas negativas y, en este caso, debía de haber tratado a los estibadores como electores a convencer y no como súbditos a padecerle y se tenía que haber dado cuenta que el concepto extinción de la Sagep llama a muerte, a final. Sea como fuera, un político nunca habla de esos conceptos pero sí de transformación, creación y futuro. 

7. No decirle a las empresas lo que tienen que hacer, si bien a los estibadores los tenía que tratar como electores, a las empresas les gusta que les digan lo que hay que hacer porque son y están dirigidas por gente de orden, y la gente de orden es mucho más asequible a las órdenes del Estado. 


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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