lunes, 30 de enero de 2017

Nadie quiere dar su brazo a torcer y es necesario un acuerdo de la estiba.

¿Quién será el visionario?


Puertos y Navieras 30/01/2017
Por Armando Estrada.


 




La reforma de la estiba, pequeña o grande, pero obligada por la aplicación de la sentencia de diciembre de 2014 va a requerir un acuerdo. La situación actual del Gobierno, salvo que se dé alguna situación inusual de acuerdo de gobierno con el PSOE, no parece que puedan aguantar una conflictividad larga en los puertos. No conviene tampoco a estibadores, ni a empresas ni al país. Sin embargo el ambiente se calienta por falta de acuerdo.

El Gobierno actual no parece proclive a querer arriesgarse en un conflicto laboral y económico en los puertos españoles porque es incierto el resultado político del mismo.

Es muy incierto que el partido en el gobierno puede beneficiarse de una posición más o menos intransigente con los estibadores. Es ambiguo el efecto que un conflicto de este tipo de conflictos pueda tener en la opinión pública.

Por mucho que se hagan cábalas en cuanto a la poca popularidad que pueden cosechar los estibadores por sus altos salarios en los puertos, la realidad es que para un cuerpo electoral poco sofisticado y azotado por la crisis, la situación puede leerse como la de unos trabajadores a los cuales se les quiere quitar una parte sustancial de sus sueldos. Solo un gobierno con una legislatura estable por adelante podría esperar en que el tiempo disipase de la memoria un conflicto.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha conseguido transitar años de muy importante crisis con una conflictividad laboral a la baja que incluso ha sorprendido a propios y extraños. Aun así, y a pesar de la debilidad sindical y de la posible impopularidad del sindicato de estibadores, iniciar una huelga en los puertos es jugar con fuego.

1. Tendrá rápidas repercusiones económicas. Se verá reflejado internacionalmente. Su duración será incierta.

2. Su efecto sobre el cuerpo electoral será impredecible.

3. Asustará a los inversores que tan necesarios son en muchos puertos con dársenas, diques y muelles vacíos a la espera de inversores.

y 4. Afectará al negocio marítimo y a las escalas en nuestros puertos hasta que la cuestión se aclare.

Conflictividad ha habido ligera en los puertos, pero lo normal comparada con otros puertos. A pesar de la inestabilidad política que puede leerse en las primeras páginas de los periódicos, España ha sido en la última década un mar de estabilidad. Un país más serio que sus homólogos del Mediterráneo en este aspecto. Tanto el PP como el PSOE no están prontos a arriesgar.

Así las cosas, y como tener un enfrentamiento duro con el sindicato de estibadores Coordinadora, a pesar que seguramente este puede perderlo y así lo reconoce, puede tener hondas repercusiones económicas y políticas en el país, lo más probable es que tras un intenso tira y afloja el problema se resuelva en una salida donde el sindicato Coordinadora mantenga su posición preeminente en los puertos, y se ajuste entre un 20% y un 25% los costes y se mantenga más o menos el statu quo actual en los puertos

La patronal esperaría una regulación de base más liberal, además de asegurarse algunas ayudas de Estado para hacer en aquellos puertos que lo necesiten, alguna reducción en el empleo paralela a una progresiva liberalización de los métodos de trabajo. Pero esto sería en un horizonte pasado el primer año de la reforma, y ya mientras que se vaya asentando una nueva regulación.

Regulación legal que en su situación mínima pasará por abrir la puerta a que las empresas no necesiten contratar de las Sageps, haya más de una, pero el censo de trabajadores que puedan trabajar en los puertos siga siendo el actual y controlado por Coordinadora, a expensas de una transición de hasta 6 años en su apertura.

El ajuste fino está en cómo variar los métodos de trabajo para que por un lado, los empleadores, representados por la patronal Anesco, vean positivo el acuerdo, los estibadores lo consideren contenidamente doloroso y el Estado pueda jugar un papel de facilitador del acuerdo con dinero público.

Para todo ello, tiene que haber alguien que lidere el proceso en ambos lados. En los sindicatos, en Coordinadora, parece que Antolín está dispuesto a hablar de sacrificios a los estibadores, y ahí ya los está preparando, pero con un límite, y por el lado de la patronal parecería que Juan Aguirre y Javier Sáez se han propuesto también el sacrifico, que no es poco, de admitir que Coordinadora siga siendo el sindicato predominante, que controle inicialmente la formación y el censo de estibadores y que haya que negociar con ella las mejoras de rendimiento que supondrán a la postre una reducción de los costes para las empresas, pasado el primer paquete de reducciones, su conocido Anexo.

El tema está en convencer y convencerse que una reforma de los métodos de trabajo importante y que podría llegar a una reducción del 30% de los costes, podría no transmitirse en una reducción del 30% en la masa salarial, es decir, los sueldos de los estibadores, si se consigue que haya más inversiones y tráfico en los puertos.

Esto evitaría que profundos cambios en los métodos de trabajo, con la eliminación de manos, la eliminación de componentes en las manos, de puestos innecesarios o de tareas exclusivas para los estibadores, no desembocasen en unos excedentes de estibadores, salvo en puertos que están en crisis, que pudiesen llegar a una sensación de conflicto para los estibadores que desembocase en su radicalización.

Para eso se necesita una mano izquierda muy importante, una rapidez en la ejecución y una paralela política de atracción de flujos, tráficos e inversiones que produzcan, sobre todo en los cuatros puertos más importantes, Algeciras, Valencia, Barcelona y Las Palmas, una sensación si no de bienestar, sí de esperanza en el mantenimiento del empleo y de ciertas ventajas comparativas salariales de los estibadores.

Los estibadores si se les convence desde arriba, y en eso se estaba, están dispuestos a firmar reducciones en la masa salarial apreciables bajo la cobertura de reducciones de costes. Reconocen que firmarían a gusto lo que les ha presentado Anesco y que esas propuestas con el mantenimiento de su poder sindical y su poder en los puertos, serían un acuerdo bueno

Claro está que en el lado contrario hay muchos en Anesco que creen que limitarse a ese acuerdo, con además la incertidumbre de que después sea de difícil aplicación en algunos puertos y terminales, como ya ha pasado en veces anteriores, sería dejar la misma situación actual, y en ese caso prefieren que sea el Gobierno el que implemente algo más.

La clave está en quien juega el papel de visionario y convence qué sacrificios ahora traerán un empleo estable y mayor en los puertos, y se realiza una reforma que asiente en una primera fase reformas futuras.

Igual el que da su brazo a torcer ahora resulta ser el visionario que gana a largo plazo.


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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