viernes, 4 de noviembre de 2016

UN INGENIERO DE CAMINOS SE HACE CARGO DE UNA CARTERA DE FOMENTO CON IMPORTANTES RETOS

Íñigo Joaquín de la Serna Hernáiz, Íñigo de la Serna, ha sido el elegido por el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy para hacerse cargo de la cartera de Fomento en sustitución de Ana Pastor, actual presidenta del Congreso y tras la interinidad del ministro de Justicia, Rafael Catalá, en funciones en el puesto desde el nombramiento de Pastor en las Cortes.


Naucher 04/11/2016 
Bilbaíno de nacimiento aunque cántabro de adopción, De la Serna es el actual alcalde de la ciudad portuaria de Santander, en su tercera legislatura al frente del consistorio, tras haber sido el alcalde más joven de una capital de provincia. Tiene 45 años, dos hijos y; lo más importante para su nueva función: es  ingeniero de caminos, canales y puertos, por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, en la especialidad de Hidráulica, Oceonografía y Medio Ambiente; y habiendo desarrollado una breve carrera profesional en la empresa privada, antes de adentrarse, hace 13 años, en la política municipal.
Sin duda, es una buena noticia que el Ministerio de Fomento tenga como máximo responsable a un técnico conocedor de las infraestructuras, en lugar de abogados, médicos, iletrados o economistas como los anteriores inquilinos del despacho de Nuevos Ministerios, en el madrileño paseo de la Castellana. Sí que hubiera sido de agradecer que el presidente Rajoy hubiera encargado el ministerio a una persona con un perfil político superior, más vinculado a la política nacional e internacional que a la local, pero bueno, hay que darle los 100 días de rigor parlamentario y periodístico.
Rodríguez Valero, Llorca, la estiba, la liberalización… ¿Por dónde empezar?
En estos primeros meses le abordarán importantes retos en materia marítima: los primeros pasan por las sustituciones que deberá –o debería- acometer en su función: la primera la del profesor Rafael Rodríguez Valero al frente de la dirección general de la Marina Mercante. Valero será uno de los muy escasos técnicos de rango superior en el ministerio recordados por su buen hacer, en materias como la seguridad, la náutica, etc. Difícil será la papeleta de encontrar a una persona con un perfil similar.
La otra que debería asaltar es la sustitución de José Llorca al frente de Puertos del Estado. Llorca es una persona culta, educada e independiente y, además, representa la cuota catalana –tema importante- dentro del ministerio de Fomento. Sin embargo ha tenido muchos fallos. Demasiados. Y estos han sido motivados, fundamentalmente por haber escogido mal a sus asesores. Se ha ceñido desatinadamente a la música de ‘Los Sírex’, un grupo mítico de hace décadas, pero actualmente fuera de onda. Desde hace meses se había planteado la posibilidad de escalar hacia una secretaría de Estado o bien emprender su viaje a la empresa privada… seguro que en algún gestor de concesiones portuarias español lo recibirían con los brazos abiertos.
Bajo estas premisas el flamante nuevo ministro debería ponerse manos a la obra para resolver, de una vez por todas, la situación desencadenada tras la sentencia del Tribunal de Luxemburgo contra el sistema español de la estiba portuaria. Se trata de uno de los modelos que dan mayor productividad al país, pese a no engrosar todo lo que les gustaría las cuentas de explotación de las empresas concesionarias. Ahí radica fundamentalmente el problema.
De la Serna debe hacer gala de su perfil en la política local, a priori más cercana a las personas, para sentarse con los sindicatos principales y llegar a una solución pactada que no sea lesiva para nadie. En un cargo como el de ministro de Fomento, la interlocución fluida con trabajadores, patronales y Comunidades Autónomas es primordial. Veremos aquí la cintura del ministro. Pero urge el acuerdo so pena de sanciones a España por mala praxis.
Deberá también De la Serna acometer los parámetros que exige Bruselas en materia marítima y portuaria: el principal es la liberalización –real- de ciertos servicios, así como algunas reformas de carácter legislativo que afectan al buen funcionamiento de las entidades y empresas que dependen de su cartera.
La liberalización fehaciente de los puertos es otro tema que, por su complejidad y ante una legislatura previsiblemente corta y en minoría parlamentaria es complicado que se pueda llevar a cabo. Como hombre del Cantábrico, alguien debería explicarle al nuevo ministro que el futuro está en las fachadas marítimas, centralizando la gestión de los puertos desde la proximidad, no desde Madrid-, y no es bueno que sigan existiendo 28 Autoridades Portuarias en España. Resta competitividad al sistema, de querer mantenerlo totalmente público como hasta ahora.
Otro tema son los globos sonda –aparecidos en medios madrileños- que hablan de una privatización parcial de los puertos de interés general. Improbable por poco pragmática: el Gobierno que pierda la titularidad de unas infraestructuras que aportan el 80% del comercio exterior del país y un porcentaje apreciable del PIB no se merecería volver a gobernar jamás. Se puede hablar de compartir el modelo de gestión entre empresas públicas y privadas en concesión muy regulada –siempre desde la cercanía, con la intervención de los gobiernos municipales, provinciales y/o las cámaras de comercio…-, al estilo de las concesiones en las autopistas, por ejemplo. Pero quien piense verdaderamente en vender un sistema completo al mejor postor es un ignorante en materia económica.
Otro tema a tratar es la necesidad imperiosa de conectar los puertos españoles, sobre todo los de la fachada Mediterránea, con Europa a través del ferrocarril. Sobra inversión en alta velocidad y falta para la economía productiva. Sobra el acometer obras en puertos que apenas aportan valor a la economía y que tienen grandes y nuevas infraestructuras en desuso. Es momento de darle la vuelta a la tortilla.
La mejora de las condiciones del abanderamiento español, las ayudas a que nuestros astilleros o pesquerías ganen cuota a escala internacional, la mejora del importante sector de la náutica (el gran olvidado por la mayoría de los ejecutivos), la apuesta por el I+D+i en la industria naval y la seguridad y formación de los marinos, los portuarios o los adjuntos al sector, además de la cuota medioambiental, son algunos de los retos que De la Serna deberá tratar con guante de seda y mano izquierda.
En cualquier caso todos son asuntos que no se resolverá en breve, muy a pesar de la mayoría de profesionales que formamos parte del segmento marítimo-portuario de una u otra manera. Por el momento, sea bienvenido el nuevo ministro de Fomento. Desde NAUCHERglobal le pedimos que intente no equivocarse y que sea justo en sus decisiones.


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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