miércoles, 18 de noviembre de 2015

Llorca y 28 bocanas, frente a las 28 Taifas. Aumenta el debate sobre la gobernanza portuaria. El gorila en la habitación que nadie ve, el dumping de Renfe y la reducción de la OPPE.

El debate sobre el gobierno de los puertos, tuvo un buen exponente en el debate del Propeller Club de Madrid, y la lástima fue que el presidente de Puertos del Estado tuviese que marchase a otro acto. No huyó porque está deseoso de entrar en el debate. La contraposición entre el modelo español que algunos denominan "Llorca y 28 bocanas" frente a los que otros llaman "Las 28 Taifas" está servida.



Puertos y Navieras 18/11/2015


No podía tener mejor y más vocal oponente, que Santiago García-Milà, el presiente de ESPO, la Asociación Puertos Europeos. Venía preparado, el subdirector del puerto de Barcelona, para el debate, y aún con la ausencia forzosa tras su intervención de Llorca, este adquirió suficiente nivel.

El Reglamento de Puertos que se discute en el Parlamento Europe podría, en cuatro meses, desorganizar el sistema portuario español. Sobre todo al poner por vía reglamentaria, es decir, de inmediato cumplimiento para toda la Unión Europea, la gestión de los puertos en manos de sus órganos gestores locales.

Miedo da en el Ministerio de Fomento y Puertos del Estado a que progrese el texto del reglamento tal como está. Han logrado, una vez más, como ya pasó con la última Ley de Puertos, poner de acuerdo al Partido Socialista y al Partido Popular en sendas enmiendas que son prácticamente idénticas, y que están a las claras redactadas desde Puertos del Estado. Todo para evitar, sobre todo, la libertad tarifaria en los puertos, apunta García-Mila.

En este caso, Santiago García-Milà, de una forma elegante, planteó el debate en su condición de presidente de ESPO, que defiende esa libertad de forma mayoritaria y que así ha tomado una postura oficial, según aclaró García-Mila.

La defensa del modelo español no estuvo articulada en el debate, pero sí que el director gerente de ANAVE, la asociación de navieros, Manuel Carlier puntualizó que la libertad tarifaria acabaría pagándola aquellos que son tráficos cautivos de los puertos. Las fábricas cercanas, los que utilizan graneles, las empresas de Short Sea Shipping y sus navieras. 

Aun así el debate no careció de interés porque García-Milà quiso plantear que el modelo español de un órgano central que administra los recursos de los puertos y sus tarifas fuese defendido por alguien sin complejos para poder confrontarlo con el modelo que propugna el Reglamento europeo y su asociación. Faltó Llorca y faltaron representantes de puertos del Estado, que los hay, que creen que es defendible y nos perdimos la ocasión de una buena defensa.

Al final, y fuera del debate, casi todos coinciden en los problemas que tiene el modelo pero, salvo García-Milà, que quiere una autonomía de gestión, no acierta a proponer elementos moderadoresde esa libertad de gestión que, incluso, se traduce en que la enmienda española defendida por Luis de Grandes no plantee otro modelo, sino una excepción a la que estados como España puedan acogerse. Una especie de cláusula británica de opt-out.

Falta que alguien proponga una serie de elementos moderadores de esa libertad o el elemento moderador del regulador que solucionase los conflictos de intereses en los puertos entre los tráficos cautivos y aquellos otros donde los puertos tienen que competir en igualdad de condiciones.



Como llegó a apuntar Manuel Carlier, no hay muchos tráficos, al menos en España, en los que se pueda dar esa libertad de competencia.

El debate por otro lado estuvo animado por un provocador Enric Ticó, el presidente de los ferrocarriles de la Generalitat, que dijo cosas como que Renfe hace dumping o que habría que reducir el organismo Puertos del Estado porque sobra gente.

En esa misma línea, de casi ya provocación navideña, José Luis Almazán, tras dos horas de debate, dijo con elegancia que uno de los factores de costes de los Puertos era el gorila que hay en la habitación del que nadie quiere hablar. Menos mal que lo arregló y no se refirió al problema de la estiba y lo dejó en el problema de los servicios portuarios de manipulación de carga. 


"La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será"

 
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